Mi Dios es un Dios de amor


El amor ha ocupado un lugar protagónico en mi vida, he amado profundamente, hasta perder los estribos, he sufrido, he llorado y he padecido por amor, quizás eso es lo que me lleva a estar plenamente a favor del amor, en cualquier forma que se presente, el amor purifica el alma. Creo en Dios y El es amor.

Un sacerdote, como hombre que es, siente las tentaciones de la carne y tiene apetito sexual, como cualquier otro hombre, también siente la necesidad afectiva de tener una compañía, una pareja, de recibir y dar amor.

La Biblia, no dice en ninguna parte que el sacerdote, para servir a Dios, deba renunciar a tener una vida sexual y amorosa. Lo que sí dice es que Dios nos creó y nos dijo: "Creced y multiplicáos" y el ser humano no se reproduce por generación espontánea, sino a través de relaciones sexuales. En otra parte de la Biblia se expone que el hombre no debe estar solo.

Podemos inferir entonces que el error está en la propia institución de la Iglesia Católica Romana, que fue la que instituyó el celibato como condición imprescindible para convertirse en sacerdote y diseminar la palabra de Dios.

De igual forma, que Fidel no es Cuba; la Iglesia no es Dios. El sacerdote sirve a Dios, no a la Iglesia. Por lo tanto, si un sacerdote se enamora y quiere hacer vida de pareja, procrear hijos, y seguir sirviendo a Dios, y la Iglesia Católica Romana le niega esa oportunidad, ese derecho sagrado, ¿qué opción le queda sino cambiar a otra Iglesia donde pueda seguir ejerciendo su labor y a la vez realizarse como padre de familia?

Y esta Iglesia es la Episcopal, que tiene los mismos fundamentos de la Católica, pero sin la absurda exigencia del celibato, sin condenar a un hombre a estar solo y vivir huérfano de amor, por el simple hecho de querer servir al Señor.

Por eso, apoyo la decisión de Alberto Cutié, que durante de todos sus años de servicio a la comunidad ha demostrado ser un gran ser humano y un verdadero hombre de Dios y que precisamente por ser un hombre de Dios está lleno de amor, y el amor es un sentimiento que debe ser compartido.

Estoy segura de que nuestro Señor aprueba esta decisión, porque mi Dios es un Dios de amor.

Miriam De La Vega
Junio 1, 2009

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