ANGIE Y SANTA CLAUS


Santa Claus fue muy generoso con Angie este año, el trineo venía tan sobrecargado, que casi se vuelca al doblar en nuestra calle, el pobre panzón colorado no podía con todos aquellos regalos y tuvo que hacer varias paradas para tomar aire, porque apenas podía respirar.

Al fin llegó el momento esperado y ella comenzó el ritual de despedazar envoltorios, arrancaba papeles y tiraba las brillantes moñas, movida por la curiosidad de saber qué contenía cada una de las cajas que se amontonaban alrededor del arbolito.

Abrió una por una todas las cajas y en cada una su carita se iluminaba más que en la anterior, bailaba, daba griticos y saltos de alegría, mientras todo aquel universo de regalos aparecía ante su inocente mirada.

Lo primero que vio fue la sillita aterciopelada con la imagen de Dora The Explorer, su personaje favorito, la sillita es perfecta para sentarse a jugar o a ver la televisión, se sentó y parece haberla encontrado muy cómoda, porque allí se quedó como una reinita en su trono.

De uno de aquellos envoltorios surgió Uniqua, el personaje color rosa de los Backyardigans, ataviado con su traje de pirata, que llegó cantando todo su repertorio. De otra caja apareció una casita completamente amueblada y habitada por una familia de muñequitos plásticos, y un carrito rojo en el garage.

Después de rasgar un papel decorado con una multitud de arbolitos navideños, pudo ver con alegría una mesita de jugar con luces y música; un poco más tarde, al destripar la mayor de las cajas, apareció el triciclo o biwheel, lleno de sonidos y colores.

Hubo también ropas, tennis y zapatos por montones, lo cual también disfrutó al máximo, porque es una pequeña muy presumida.

Y por último había dos preciosos bebés, un varoncito y una niña, el primero lo trajo Santa a casa de "mima" (que soy yo), y la segunda, la dejó por adelantado en casa de las primitas de Jacksonville, pero lo enviaron con tiempo para que estuviera junto con los demás regalos el día de Navidad.

Cada año sacan al mercado bebés más asombrosos, sus expresiones faciales y sonidos son una copia cada vez más perfecta de las de un bebé real, que verdaderamente logran comunicar mucha ternura.

Quizás por eso, o porque siempre me gustaron mucho los bebés y las muñecas en general, tomé al bebé varón en mis brazos, lo alimenté con el biberón y luego le puse el tete para calmar su llanto, lo apreté contra mi pecho y comencé a apapacharlo, dándole suaves palmaditas en la espalda, mientras le cantaba una nana.

Angie no había perdido un detalle de la escena y en un arranque repentino, se colocó su tete en la boca y corrió a mis brazos para recibir ella también parte de la ternura que yo estaba prodigando al bebé, ésa ternura tan especial, que sólo se encuentra en los brazos de abuelita y que ella sabe que su "mima" siempre está dispuesta a ofrecerle.

Ese instante valió por todas las carreras que tuvo que dar Santa Claus para llenar de felicidad ese pequeño corazoncito.


Miriam De La Vega
Diciembre 30, 2007

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