UNA MEJOR HERENCIA

A propósito del Día de Acción de Gracias y de la posibilidad de que este holiday se instituyera a nivel mundial, me puse a reflexionar en esas maravillosas campañas que nos animan a reciclar materiales, ahorrar agua, evitar la contaminación, con el objetivo de salvar el planeta en que vivimos, y de repente se me  ocurrió pensar que hay algo más que podemos hacer para salvar este planeta y sobre todo, a sus habitantes. Estoy convencida de que si eliminamos del corazón de un hombre, el odio, el rencor y la violencia, tendremos un ser humano capaz de crear un mejor futuro para la humanidad.

Por supuesto que cambiar a un solo hombre no bastaría para cambiar el mundo, por lo que sería necesario cambiar a muchos seres humanos, de ser posible, a todos los habitantes del planeta. Lamentablemente, sabemos que no es fácil cambiar a otros, a veces queremos ayudar a los más cercanos, nuestros hijos, nuestra pareja, nuestros amigos y no lo logramos, es por eso que esta labor debe comenzar por cada uno de nosotros.

Si conociéramos el daño que nos auto-infligimos cuando acumulamos pensamientos y sentimientos negativos, seguramente nos mantendríamos bien alejados de ellos, y es que el odio, literalmente, nos corroe por dentro. Cuando actuamos, sentimos o pensamos de manera negativa con respecto a otros, los más afectados no son ellos, sino nosotros mismos, porque toda esa carga se va acumulando en nuestro interior y afecta todos los aspectos de nuestra vida.

Evidentemente, lo primero que se afecta es nuestra capacidad de razonamiento, ya que la ira, la cólera, la rabia, el odio, el rencor y todos esos sentimientos hostiles, bloquean nuestra mente y nos impiden discernir adecuadamente, actitud que puede conllevar desequilibrios en nuestra personalidad y hasta incidir de manera destructiva en nuestras relaciones interpersonales.

Pero no solamente se puede alterar nuestro raciocinio, hay mucho más. Recientes investigaciones han comprobado que la hostilidad puede ser causa real y significativa de enfermedades orgánicas y hasta de muertes prematuras. El odio ejerce efectos nocivos en el sistema cardiovascular y se han registrado tantas pruebas de esto, que hoy en día, muchos lo consideran un factor de riesgo en enfermedades cardíacas. Según estudios realizados en las últimas cuatro décadas, la agresividad pone en marcha mecanismos de estimulación de la hostilidad y respuestas bioquímicas que causan daño en las arterias.

Por lo tanto, si analizamos los resultados de largos estudios y reflexionamos como seres civilizados, podemos llegar a la conclusión de que la acumulación de sentimientos negativos no resuelve ningún problema, sino por el contrario, nos hace mucho daño.

Como seres inteligentes, estamos constantemente preocupados por alejar de nuestra dieta los alimentos que causan trastornos a nuestro organismo y sustituirlos por otros más nutritivos, pues deberíamos tener en cuenta cuán saludable sería, hacer lo mismo con los sentimientos hostiles, como son el odio, el rencor y la cólera; tratemos de sustituirlos por otros que redunden más en nuestro propio beneficio, como por ejemplo, comprensión, paciencia y tolerancia. Esto nos hará más felices, nos mantendrá más saludables, mejorará nuestra calidad de vida  y al mismo tiempo, estaremos ayudando a mejorar nuestro entorno.

Según el Dalai Lama, los sentimientos de odio y cólera son los principales obstáculos que impiden el desarrollo de la compasión y el altruismo y el logro de la paz interior.

Si quieres sanear el planeta y salvar la humanidad, puedes comenzar por sanearte a tí mismo, extirpa el odio y el rencor de tu corazón como si fuera un cáncer y deja entrar en él todo el amor y la comprensión que puedas contener. Si todos lo hiciéramos, lograríamos cambiar el mundo y dejaríamos una mejor herencia a las futuras generaciones.



Miriam De La Vega
Noviembre 26, 2010

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