Mi Blanca Nieves y yo.

A menudo tengo que dejar lo que estoy haciendo, porque mi pequeña reclama mi participación en algún juego. Por lo general no disfruta mucho esos juegos tradicionales y archi-conocidos, como los escondidos o la gallinita ciega, demasiado gastados de haber sido usados por incontables generaciones. Tampoco es como otros niños que pasan horas enteras jugando video-juegos.

Angie inventa sus propios juegos. Cada día crea una situación completamente nueva y diferente a la anterior, con escenas, personajes y situaciones que surgen en su cabecita infantil. Ella crea guiones completos, en los cuales elabora historias con introducción, desarrollo y desenlace.

A veces la historia tiene lugar en una escuela donde conviven maestros y alumnos que enfrentan diferentes situaciones. En otras ocasiones se trata de familias compuestas por hijos, padres y abuelos, donde unos hijos se comportan correctamente, mientras que otros son niños conflictivos, que contestan mal a los padres, no quieren ir a la escuela y tratan mal a sus abuelos y hermanitos pequeños.

Hace un par de meses creó una historia en la que había una niña muda y me preguntó si yo conocía algunas palabras del sign language (lenguaje de señales), inmediatamente lo busqué en Google y juntas encontramos algunas palabras del lenguaje de los sordomudos, que ella utilizó en el juego de ese día, pero las aprendió de tal manera que todavía hoy a veces me dice "te amo" en sign language.

Sé que para quienes no lo han presenciado, es difícil creer que todas esas historias que ella se inventa a manera de entretenimiento, sean fruto de la asombrosa imaginación de una pequeñita que aún no ha cumplido los cinco años. Lo cierto es que mi niña, gracias a esa creatividad que la caracteriza, no conoce el aburrimiento.

Hoy quiso recrear la historia de Blanca Nieves, como una auténtica directora de cine. Fue hilvanando las escenas de la historia, con todos sus detalles. Por supuesto, aprovechando las ventajas de su posición como directora, tomó el protagónico para ella y me asignó a mí los roles del príncipe y la bruja.

Con su manita extendida y actitud de directora experimentada, indicaba dónde debía pararse el príncipe o cómo debía reir la bruja. Lo cierto es que hizo una adaptación completa y minuciosa de la historia, comenzando desde la música introductoria y terminando en los créditos con música de fondo, incluyendo un baile de los actores como cierre.

Después de ver la demostración de esta noche, no tengo dudas de que esta chiquilla adorable tiene grandes dotes para escribir y dirigir. Hoy se lo pronostiqué, diciéndole: "Un día tú vas a ser una gran directora de cine, muy famosa y vas a recordar lo que yo te estoy diciendo esta noche."

Ella me miró con sus ojos redondos y abiertos como dos lunas y me regaló una sonrisa radiante. No sé si habrá comprendido mi mensaje, pero estoy segura de que cuando mi profecía se cumpla, ella recordará la noche en que jugamos a Blanca Nieves y su bruja.

Miriam De La Vega
Diciembre 31. 2010

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