De la noche al dia (Historia publicada en la Antologia 100 + Historias Reales CBH Books)



Mónica la había visto muy pocas veces durante toda su vida, pero siempre que pensaba en ella, veía su rostro hermoso y su cuerpo bien torneado, no cabía dudas de que Elaine, su madre, era una mujer muy atractiva.


El recuerdo de Elaine estaba enlazado a aquella habitación pequeña, húmeda y oscura donde alguna vez vivió con ella y donde se recordaba a sí misma, chupando tete y tomando leche en biberón. No tenían baño, así que tenían que caminar el largo corredor de agrietadas baldosas, para utilizar el único que había para las quince habitaciones del piso.


En aquel pequeño cuarto húmedo y oscuro conoció el miedo, en las noches veía alzarse bultos negros frente a la cama y no podía gritar porque Elaine le tapaba la boca, diciéndole que se dejara de payasadas absurdas.


Aquel lugar apestaba a amoníaco, o sería el olor de sus pañales donde se sumaban todas las meadas del día, hasta que Elaine le daba un baño antes de dormir en una vieja palangana oxidada. Elaine salía desde temprano y la dejaba con una vecinita que no había cumplido los doce años, ella la entretenía contándole historias de fantasmas, decapitados y monstruos que salían de las sombras en medio de la noche y se comían a los niños. Luego le daba de comer una papilla gris y pegajosa que ella misma le preparaba.


De aquel recuerdo nauseabundo, siempre su memoria saltaba sin aparente transición a una casa clara, limpia y ventilada, donde creció rodeada del cariño y las atenciones de su tía Dulce, hermana de su padre, a quien siempre llamó "mami", porque fue quien veló sus noches, quien la cuidó en sus enfermedades, quien lavaba y planchaba su ropa y le cocinaba sus platillos favoritos.


Nunca supo por qué su vida había cambiado de un extremo a otro, pero cuando escuchaba al padre los domingos en la iglesia hablando de las bondades del Señor, pensaba que seguramente Diosito, en su infinita misericordia, se había apiadado de ella y una noche mientras dormía la había cargado en sus brazos poderosísimos y la había depositado en el umbral de su "mami" Dulce, para que ella fuera al fin una niña feliz.


También le parecía extraño que en aquella casa no se mencionaba jamás a Elaine y cuando ella preguntaba por su madre, le contestaban que ella ahora vivía muy lejos y acto seguido cambiaban la conversación. Ella venía a verla una vez al año, el Día de Reyes o en Septiembre por su cumpleaños, y en una ocasión llegó de repente en plena Nochebuena y se sentó a cenar con la familia. Sus visitas eran siempre iguales, le traía un regalo, la sentaba en sus piernas un par de horas y desaparecía hasta el próximo año.


Mónica creció en un ambiente familiar, donde recibió estudios, excelente educación, buenas costumbres y muchísimo amor. Su padre no vivía con ella, pero la visitaba una o dos veces por semana y conversaban largas horas, era su confidente, la persona con la cual podía hablar de cualquier tema y comunicarle sus inquietudes y sus sentimientos, era un hombre de mente abierta y llegó a convertirse en su mejor amigo. Pintor y poeta, tenía la sensibilidad necesaria para comprender a una adolescente que hacía sus primeros pininos en el arte de versar, él fue su primer crítico literario, el mejor de todos.


El día en que Mónica cumplía sus quince años, Elaine llegó con una chiquilla de la mano. En el justo momento en que Mónica vio aparecer a aquella niña, todas las piezas comenzaron a caer en su lugar, un viejo recuerdo que había estado dormido en el fondo de su mente despertó de golpe, su memoria se remontó a una noche muy lejana en su primera infancia y recordó con nitidez la imagen de una bebita que dormía en una cuna pequeña. Elaine, vestida para salir, le había dicho: "Si llora, le untas el tete en azúcar y se lo pones".


Cuando la bebita comenzó a llorar, ella se dispuso a seguir las instrucciones, pero el recipiente del azúcar estaba en un gabinete muy alto para ella, que tenía a la sazón cuatro años, asi que tuvo que ingeniárselas para alcanzarlo. Buscó un sillón de madera, el único asiento que había en la pequeña estancia, lo fue moviendo con mucho esfuerzo hasta lograr acercarlo al gabinete y se encaramó en el respaldo, desde donde pudo pasarse al saliente del gabinete y alcanzar el recipiente, ya con él en la mano, se lanzó desde lo alto al piso, untó el tete en el azúcar y se lo colocó a la bebita que, tan pronto comenzó a succionar el dulce alimento, dejó de llorar.


La fiesta de sus quince había sido preparada con mucho esmero. Había gran cantidad de invitados, todos sus amigos de la escuela, sus primos, tíos y vecinos. Había comida en abundancia y gran variedad de bebidas y licores, además su padre había contratado un grupo musical juvenil. Mónica estaba fascinada, pero en medio de su alegría, de pronto percibió que Elaine y su padre, habían desaparecido de la vista de todos.


Extrañada, comenzó a buscarlos por todas partes hasta que llegó a su habitación y encontró la puerta cerrada. Acercó su oido a la puerta y pudo escuchar a sus padres que hablaban. En ese momento, Elaine decía:


"No fue así, ya estábamos separados cuando nació Malena".


"No trates ahora de confundirme, no quieras cambiar las cosas, yo sé perfectamente cómo fue todo, aún estábamos casados", contestó su padre.


"Ignacio, yo sólo tenía dieciséis años, ¿sabes lo que son dieciséis años? ¡apenas un año más de los que Mónica cumple hoy! Te fuiste y me dejaste sola con la niña, sin un centavo, sin una carta, sin una explicación, ¿cómo iba a creer que te habías ido a la guerra?, pensé que me habías dejado por otra mujer. Hice lo único que podía hacer, acepté el primer trabajo que apareció"


"¿Y no pudiste encontrar algo más decente?"


"Fue lo primero que encontré y tuve que aceptarlo. Uno de los clientes me prometió que se haría cargo de nosotras y que me pondría a vivir como una reina, yo creí en sus promesas, me ilusioné, llegué a creer que con él se acabarían todas mis angustias y me dejé llevar, después me embarazó y me soltó como una papa caliente, lo único que hizo fue agravar más la situación, porque en vez de una hija, ahora tenía dos que mantener, por eso cuando tú regresaste de la guerra me encontraste con Malena recién nacida."


"Podías haber esperado un poco más"


"Y tú podías haberme escrito aunque fuera una nota explicatoria antes de irte al frente"


Y así siguieron largo rato discutiendo el asunto del huevo y la gallina, ellos jamás se pondrían de acuerdo en cuanto a sus propias debilidades y a sus respectivos errores, pero el en la mente de Mónica, el enigma estaba despejado, finalmente había comprendido por qué Diosito, tomando la forma de su padre, la había sacado en brazos del fétido cuartucho, aquella noche maravillosa en que la calabaza se convirtió en carroza y su vida se iluminó para siempre.


Miriam De La Vega - MDLV ©
Todos los derechos reservados
Diciembre 2,  2007
(Publicada en el libro
100 + Historias Reales
CBH Books)

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