¿Te has hecho daño hijo mío?


 Esta historia ha sido escrita de varias formas, en prosa y en verso, no sé cual es la original, ni tampoco interesa mucho en este momento, lo importante es que refleja que el amor de madre es el amor más puro e incondicional que existe. Por eso hoy quiero compartirla en mi blog por el Día de las Madres, como un homenaje a todas las madres del mundo. 

¿Te has hecho daño hijo mío?

Autor: Emile Faguet, La-Roche-sur-Yon, 1847 - París, 1916.
Ensayista y crítico literario francés.

Había cierta vez un hombre joven dilacerado por una situación afectiva crítica. Quería con toda el alma a su bonita y joven esposa, y tributaba también mucho afecto y profundo respeto a su propia madre. Pero la relación entre nuera y suegra eran bastante tensas y, por celos tal vez, la encantadora joven llegó a ser tan mala, que concibió un odio infundado contra la venerable anciana. En cierta ocasión la joven colocó al marido entre la espada y la pared: o él iría a la casa de su madre y la mataría y le traería el corazón de la víctima, o la esposa abandonaría inmediatamente el hogar. Después de muchas dudas e indecisiones, el joven hombre cedió”.

“Aquel conturbado marido, mató a aquella que le dio la vida, le arrancó el corazón de su pecho, lo envolvió fríamente en un paño y regresó apresuradamente a su casa. Pero sucedió que en el camino el caballo del joven, desbocado en loca carrera, tropezó violentamente lanzando por los aires al infeliz jinete. Caído en tierra oyó entonces él una voz que saliendo del corazón materno, le preguntaba llena de desvelo y cariño: ‘¿Te has hecho daño hijo mío?”.


Esta es otra versión de la misma historia, en este caso se trata de un poema.


Amor de madre
Autor: Joaquín Dicenta


Te adoro mi bien, decía
lleno de insensato ardor
un hombre a su amada un día
y la mujer se reía del amante y del amor.
¿Qué prueba te daré bastante,
le decía el tierno amante,
para hacerte creer en mí?
y agregaba suplicante:
¿qué quieres?,
por ti haré cuanto me cuadre;
con el nombre de mi padre
mi existencia te daré,
¿o quieres que abone mi fe,
con las joyas de mi madre?
Con desdeñosa sonrisa
miraba el hombre la hermosa
y su afán le aguijoneaba.
Y con su voz espantosa,
pero dulce y cariñosa
le dijo: Quiero probar tu pasión.
¿Qué quieres?, dijo el hombre.
¡ De tu madre el corazón!
Como si escuchado hubiera
el rugido de una fiera
un grito dio el hijo herido
y a su vez lanzó un gemido
que horrorizó a la pantera.

La hermosa criminal
de la lucha se apercibió
y del poder se armó
de su belleza infernal.
Soltó sus sedosos cabellos,
tan diabólicos como bellos,
brillar hizo en su mirada
luminosos resplandores,
y en la boca perfumada
de besos embriagadores.

Mas cuando quiso llegar
a la hermosa, lleno de pasión,
ella con voz espantosa,
pero dulce y cariñosa,
le dijo otra vez:
¿Y el corazón?
en el alma del doncel
lucharon el bien y el mal,
mas, vencido aquél
hízose el hombre un chacal,
y con ese paso veloz
que nos lleva siempre al delito,
fuese el hijo aquel tras la voz
de su impuro amor maldito.

Dormida la madre estaba
en pobre y triste aposento,
todavía brillaba una oración
en su aliento, quizás si esta soñaba
la buena y santa mujer
con el hijo que venía;
débil luz derramaba una lamparilla,
luz que encendió la ternura
de un cariñoso amor maternal
de ese que buscar procura
sombra para su puñal.

Acercóse al santo lecho
a tientas buscóle el pecho
que fuente fue de su vida.
Se oyó un gemido, un extraño ruido
como el que causa la garra
del león enfurecido
que carne viva desgarra;
después se escuchaba
la respiración que ahogaba
a aquel hijo criminal,
y la sangre que goteaba
de la punta de un puñal;
guardó el hijo el corazón
de esa madre asesinada
y enceguecido de pasión
corrió a llevarlo a su amada.

Aguijoneado corrió
por la fiebre y el deseo,
pero al llegar tropezó
y por el suelo rodó
con su espantoso trofeo.
Y al dar en el pavimento
ese ensangrentado lío
murmuró con tierno acento:
¿Te has hecho daño, hijo mío??


Miriam De La Vega
Mayo 5, 2011

Entradas populares de este blog

Reir Llorando - Poema a Garrick de Juan de Dios Peza

Historias para reflexionar - La Balanza de la Fe