A propósito de un artículo de Vicente Feliú sobre Pablo Milanés




Señor Vicente Feliú, acabo de leer un artículo suyo y he sentido la necesidad de comentar sobre algunos de los temas que usted ha tocado.


Ante todo quiero decirle que durante mi juventud seguí su carrera musical y siempre lo consideré un músico e intelectual de alto vuelo, lo cual me hace pensar que tiene usted un elevado coeficiente de inteligencia y un pensamiento profundo, espero que no me haga cambiar de opinión. 


Comienza usted su comentario sobre Pablo Milanés diciendo que su actitud ha sido polémica consigo mismo y con sus canciones. Según recuerdo, en las clases de filosofía marxista que impartían en la escuela en Cuba, era muy común escuchar la frase "todo está en constante cambio y transformación", frase que es la piedra angular de la dialéctica marxista y de repente me asalta una inquietud, ¿cuándo fue que dejaron ustedes de sustentar esa frase? Supongo que en algún momento el gobierno de Cuba comenzó a considerar el concepto de dialéctica como diversionismo ideológico, porque la idea del constante cambio estaba en total contradicción con el estatismo e involucionismo castrista.


Pero si retomamos el concepto y aceptamos que realmente todo está en constante cambio y transformación, no podemos pretender que un individuo vea la vida en su adultez como la veía en su adolescencia o juventud, mucho menos tratándose de un hombre como Pablo Milanés, cuya condición de poeta, músico e intelectual lo mantiene en constante actividad mental y le impide ceñirse a esquemas inamovibles. Un intelectual que se respete, se cuestiona todo lo que ocurre a su alrededor y trata de buscar respuestas o soluciones.
 
Más adelante se refiere usted a cierto documento que firmaron los intelectuales cubanos y quiero aclararle que dicho documento no era una adhesión a defender a Cuba de Miami como usted plantea en su escrito. Los firmantes del documento, estaban dando su consentimiento para que tres jóvenes compatriotas fueran fusilados. Pablo estaba consciente de lo que se trataba y por eso se negó a firmar, y todos sabemos que negarse a una petición del gobierno cubano es una actitud muy valiente.

Deduzco que si Pablo conocía el contenido del documento, el resto de los intelectuales también sabían perfectamente lo que estaban firmando, y el hecho de haberlo firmado por temor a las represalias, no solamente los convierte en cobardes, sino, mucho peor aún, en cómplices de ese horrendo crimen. ¿Ha pensado usted qué explicación le dará a sus nietos el día que ese acto tan cobarde salga a la luz? Yo, sinceramente, no quisiera estar en sus zapatos cuando ese día llegue. Será como la antesala del Juicio Final.

A usted le parece extraño que Pablo no haya expresado sus inquietudes en la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba o en las asambleas del barrio; o que no haya expresado su sentir en canciones, en entrevistas ante la prensa cubana, o en algún concierto en la isla y yo me pregunto si habla usted de la misma Cuba que yo conozco, o si se refiere a una Cuba ideal creada en su imaginación. Usted, el mundo y yo sabemos que no hay forma de pararse ante cualquier asamblea, o en cualquier teatro del país, expresar críticas directas al gobierno y salir ileso.

Y ya que tocamos ese tema, ¿no se ha preguntado usted, por qué Milanés nunca asistió a esa "importante" Asamblea Nacional de la que era miembro, y por qué no confía en la prensa cubana? Creo que ambas preguntas tienen la misma respuesta, y es que él sabe que ni la Asamblea ni la prensa oficial le permitirían expresar su frustración y si se lo hubieran permitido, en el mejor de los casos, sus planteamientos serían barridos bajo la alfombra y nunca verían la luz.

Seguramente, con un poco de esfuerzo mental podrá usted comprender entonces las razones que llevaron a Pablo Milanés a expresar sus críticas fuera del territorio nacional. Evidentemente, era la única forma de poder hacer uso de uno de sus más sagrados derechos, la libertad de expresión. Y esto habla muy claro de la total carencia de libertades ciudadanes que sufre el cubano de la isla.

Por último, pero no menos importante, quiero aclararle un concepto que muchos cubanos tergiversan, el concepto de Patria.

Según la Real Academia de la Lengua Española

patria.
(Del lat. patrĭa).
1. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.
2. f. Lugar, ciudad o país en que se ha nacido.


Como ve usted, la Patria no es propiedad de nadie, sino que nos pertenece a todos los que nacimos en ella, donde quiera que estemos. Cuba no es sinónimo de Castro y mucho menos de la Revolución. Cuba es la patria de todos los cubanos, existía mucho antes de nacer Fidel y seguirá existiendo muchos siglos después de su muerte. Entonces, para aclarar de una vez por todas, el hecho de estar en contra del gobierno solamente nos convierte en opositores, no nos hace apátridas, ni traidores a la patria, porque los Castros no son los dueños de nuestro país. 
 

Miriam De La Vega
Septiembre 15, 2011
 
 

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