Una Visita Necesaria

Iglesia de San Lázaro  

Mi relato de hoy, a pesar de coincidir con la reciente visita del Papa a Cuba, nada tiene que ver con él, está relacionado exclusivamente con mi fe. No sigo religiones, sólo sigo a Dios, El es mi religión. El me guía, me acompaña y me protege en todo momento, desde tiempos tan lejanos que se pierden en mi memoria.

El es quien me dice el camino que debo seguir y el que debo evitar, converso con El en mi cuarto, en el carro, en la oficina; antes de dormir, al levantarme, mientras me ducho, cuando me dirijo al trabajo, en el trayecto a casa, mientras camino en la estera del gimnasio. A veces lo hago en voz alta, otras veces con mi voz interior, porque no importa cómo le hable, ni dónde lo haga, El siempre me escucha y ofrece respuestas a mis preguntas y alivio a mis preocupaciones.

No obstante, hay ciertos momentos en que siento necesidad de ir a visitarlo a su casa, del mismo modo que una hija siente el deseo de visitar a su padre, y en esas ocasiones entro a cualquier iglesia, no me importa la denominación religiosa, si es católica o evangélica es lo de menos, para mí lo que realmente importa es sentir que estoy en su casa.

Hoy fue uno de esos días, salí del trabajo y casi sin pensarlo, me dirigí a la Iglesia de San Lázaro en el Oeste de Hialeah, empujé la puerta que estaba abierta y entré a la casa de mi padre, estaba casi vacía, solamente un sacerdote esperaba en el confesionario por si alguno de sus fieles acudía en busca del perdón. Pero yo no necesito intermediarios para pedir la absolución de mis pecados, nunca los he necesitado, yo hablo claro y directo con El, así que, tal como lo hago siempre, me dirigí a la primera fila, y me senté en el banco más cercano al altar, y allí, frente a la imagen del Cristo crucificado, mientras miraba sus llagas, sentí el dolor de sus heridas en mi piel y mis lágrimas comenzaron a brotar, tal como brotó su sangre en la cruz.

Desde mi asiento conversé con mi Padre celestial, le pedí por mi familia, por mis amigos, por los opositores cubanos, por la libertad de Cuba; le pedí el perdón de mis pecados, que me diera fuerza para mantenerme firme y no alejarme ni un ápice de su camino y que me ayudara a ser cada día mejor persona.

Cuando salí de allí me sentía renovada, en completa armonía espiritual, en sintonía perfecta con el universo y rebozante de paz interior. Es lo que siempre me llevo cuando visito a mi Padre, ése es su regalo.




Miriam De La Vega
Marzo 29, 2012

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