Sencillamente la libertad es mujer. Por Ramón Muñoz Yanes

Tenue, de apariencia delicada cual flor de cristal que amenaza con deshojarse con el próximo soplo de la brisa del mediodía. Pero he ahí el enigma oculto de su consuetudinaria perseverancia, su apariencia frágil y es que las flores nacidas en el pantano de las sociedades totalitarias, adquieren el matiz pálido de la asfixia a la palabra, pero poseen la dureza inquebrantable del concepto libertario, que lleva en sí el esclavo, que contempla cada amanecer el grillete a su pensamiento.

Vilipendiada, diana de frases soeces por extranjeros y compatriotas, es inmune a la injuria desbocada y vil de los lacayos, como a la envidia y temor de perder dádivas de sus congéneres amparados por subvenciones del exilio. Y es que esta especie de Dulcinea del Toboso de todo cubano que se precie, enjuta, escuálida y con la palidez habitual resistente al tórrido sol caribeño, que portan aquellos sometidos al racionamiento proteico por décadas, se ha erigido por derecho propio en la voz de un pueblo sufrido y amordazado por la maquinaria represiva más eficaz del hemisferio occidental, emula de la Gestapo, la KGB y la STASI.

Le han tildado de cuanto epíteto soez existe en cualquier diccionario, la han acusado de servir a cuanta agencia de inteligencia existe dentro y fuera de Cuba, le han insultado la dictadura y el exilio, la han analizado obreros e intelectuales, por una sola razón, narrar en un blog, la realidad del cubano que sufre el inmobilismo cotidiano de un proyecto fracasado en el ámbito socioeconómico. Sus escritos breves, certeros y con toda la crueldad de la certeza han puesto de manifiesto la batalla diaria de un cubano para adquirir bienes tales como un pan, unos kilos de papas, un pequeño alijo de tomates o simplemente un mango. Sus letras son un grito, pero no el simple grito de la desesperación sino el quejido de una libertad aplastada, por más de cinco décadas de un fascismo verde olivo.

Y le vi a través de mi telerreceptor arribando a Brasil en medio de los gritos de los trasnochados de siempre, los amantes sempiternos de la hoz y el martillo con su aspecto eterno de prostitutas recogidas al azar en cualquier arrabal latinoamericano, cual carnaval de desdentados. Y ella ahí, mi flaca con su andar firme y seguro de los que llevan la verdad de un pueblo en su garganta. Y lloré de alegría, y aplaudí desde esta poltrona tan lejana de mi Cuba, pero que no pierde la perspectiva de cualquier voz que se alza con valor dentro de las entrañas de la dictadura, tiene la aureola bendita de la que carece todo grito allende las fronteras. Mi aplauso otra vez, mi flaca, mi patria.


R. Muñoz


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