Los sobrinos que dejé en Cuba


Tengo dos sobrinos inolvidables en Cuba, los vi nacer y crecer, pues durante muchos años hasta que me casé vivíamos en la misma casa. Los que son cubanos saben como son las cosas en Cuba, viven varias generaciones bajo el mismo techo, los bisabuelos, los abuelos, los hijos, los nietos y los bisnietos y es que no es fácil dejar la casa de la familia, porque no hay a dónde ir. Generalmente esta convivencia provoca confrontaciones dificiles, pues resulta prácticamente inevitable que surjan conflictos generacionales y de toda índole. Afortunadamente, eso no sucedió en nuestra familia, al menos mientras yo viví allí.


Esos dos sobrinos que hoy son dos hombres hechos y derechos, me bautizaron con esa sabiduría inherente a la infancia, para ellos yo era, y aun hoy sigo siendo "Tití". Cuando llegaron al mundo inundaron nuestra casa de alegría, trajeron una brisa fresca que revitalizó nuestra familia y significaron mucho para todos nosotros. Yo en aquellos momentos florecía en la plenitud de mi adolescencia, y a través de ellos conocí todo el amor que tienen los niños para regalarnos y la ternura infinita que nos inspiran.

Los dos pequeñines de la foto son los retoños de aquellos dos que alegraron mi juventud y me hicieron conocer el significado de la palabra "tía". Cada uno de ellos es hijo de uno de aquellos niños de antaño. A estos chicos traviesos aún no los conozco personalmente, pues ambos nacieron después de mi salida de Cuba, pero espero que un día los podré abrazar y también a los padres, que aunque hoy son dos adultos, siguen ocupando un lugar muy importante en mi corazón.



Miriam De La Vega
Marzo 14, 2013



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