Al que por su gusto muere, la muerte le sabe a gloria.


Ayer, Primero de Mayo se repitió la escena que hemos visto año tras año durante cinco décadas, nuevamente un rebaño de carneros marchó por las calles de La Habana, reverenciando al heredero del feudo castrista, cual focas amaestradas que obedecen al dueño del circo, para recibir a cambio su golosina. 

Después de ver este triste panorama, inevitablemente surge una pregunta, ¿qué sentido tiene agobiarse por la situación de la isla y tratar de colaborar en un proyecto de libertad para el país, si a los que viven allí no les molestan sus deplorables condiciones de vida?

Definitivamente, no vale la pena desperdiciar ni una milésima de segundo, ni un ápice de energía, no es justo perder un tiempo precioso que podemos compartir con nuestras familias, para involucrarnos en un proyecto totalmente carente de sentido.
La mayoría de los cubanos que componen la población actual de la isla nacieron bajo un régimen dictatorial, lo que significa que nunca han vivido en un estado de derecho, no conocen otro sistema de gobierno que el que han visto desde que abrieron sus ojos al mundo. Para ellos, libertad, democracia y derechos humanos son conceptos ajenos, vacíos y con un tinte de diversionismo ideológico.

Ellos ni siquiera tienen conciencia de su propia esclavitud y sabemos que el primer paso para luchar por la libertad, es reconocer que se carece de ella. Mientras ellos no se reconozcan a sí mismos como esclavos, las cosas no van a cambiar. Me viene a la mente aquella célebre frase de Harriet Tubman, que dice "He liberado a miles de esclavos y habría liberado a miles más, si tan solo ellos hubieran sabido que lo eran".

Ante personas tan conformistas, nos vemos empujados a asumir una actitud algo egoísta. Nosotros, los que ya logramos escapar, ya estamos fuera de los barrotes y vivimos en tierras de libertad, por tanto he decidido que a partir de hoy no dedicaré más tiempo, ni energía a preocuparme por mejorar la vida de mis compatriotas, si a ellos no les interesa tener una vida mejor, habrá que dejar que sigan inmersos en ese sistema involutivo,  destructivo y sin futuro, por los siglos de los siglos, a fin de cuentas, es su vida y sólo ellos deciden cómo vivirla.
Al que por su gusto muere, la muerte le sabe a gloria.

Por Miriam De La Vega

 

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