Oa pato...Oa piz

Hace algunos años escribí esta entrada en otro blog, en ella comparto una simpática anécdota de la niña más adorable que existe en el mundo, al menos para mí, mi princesita Angie. Aquí se las dejo, espero la disfruten.



Salgo corriendo de la oficina y me voy a recoger a mi princesa Angie a su Day Care, siempre acudo a nuestra cita tan ansiosa como si fuera una cita de amor, esa personita ha traído tanta alegría a mi vida, que siempre me produce gran ilusión pasar unas horas con ella. Creo que las dos disfrutamos mucho juntas. Lo sé por la mirada que me regala cuando me ve llegar.

Angie es una belleza de ojos grandes y carita redonda, que aún no tiene dos años, los cumple en enero. Cuando me ve aparecer en el Day Care, viene corriendo hacia mí, me echa los bracitos al cuello y me saluda con unas tiernas palmaditas en la espalda y en ese momento, ya no importa cuán difícil haya sido mi día, ni el cansancio o los problemas personales acumulados, cuando mi niña sonríe, es como si el sol se abriera paso entre las nubes oscuras, disipando la tormenta.

Nunca pensé que un ser tan pequeñito e inocente pudiera influir tanto en mi mundo, pero Angie ha llegado a cambiarlo todo, con sus colores y su música, sus ojos de asombro, su mirada ávida y su oído presto a cada nuevo sonido. Ahora anda estrenando su voz, aprendiendo una nueva palabra día a día.

Siempre la cuido lunes y viernes después de mi trabajo, pues esos dos días mi hijo y la esposa trabajan hasta muy tarde. Hace algunos meses, cuando apenas comenzaba a balbucear, la recogí un viernes y la traje para la casa, yo le había comprado algunos animalitos de goma para jugar en la bañera, eran tres patos y tres peces, y ella me señalaba cada uno para que yo le dijera su nombre.

Según ella apuntaba con su dedito, yo le iba diciendo: "pato", "pez", "pato", "pez"... y volvía "pato", "pez" y así sucesivamente. Pero ella en ningún momento repitió ninguno de los nombres, sólo me miraba con mucho interés y ponía toda su atención en el movimiento de mis labios y en escuchar cada sonido, como si de ello dependiera su vida y no quisiera perderse un detalle. Después la saqué del agua y le puse su pijama para que estuviera lista cuando sus padres la recogieran.

Durante el fin de semana no la vi. El lunes la traje de nuevo a mi casa y por supuesto, yo ya había olvidado el tema de los patos y los peces. Cuando llegó la hora del baño, comencé a sacar los animalitos y ponerlos en el borde de la bañera y entonces ella empezó a mover la manito en señal de saludo mientras decía:

"Oa pato"... "oa piz"... "oa pato"... "oa piz". Ella había aprendido perfectamente la lección y estaba saludando a sus muñequitos de goma diciéndoles en su idioma "hola pato", "hola pez".

Estoy segura que nunca voy a olvidar su vocesita balbuceando aquellas palabras, es una de las cosas más graciosas que escuchado en mi vida.




Miriam De La Vega
Diciembre 10, 2007

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