Declaración de orgullo. Por Ramón Muñoz

 
Los cubanos somos seres especiales, diría que espectaculares. Si un tipo nos impone un racionamiento de cinco décadas, nos paga con papeles que simulan billetes, nos ofrece bicicletas por automóviles, se cansa del poder y nos deja a su hermano y éste amenaza con dejarnos a su hijo por jefe, vamos a la plaza y aplaudimos, es cierto que somos listos. Es un orgullo ser tan inteligente, no hace falta preocuparnos por la historia de nuestro país, menos aún por la del mundo, tenemos un periódico que lo dirige el mismo tipo, una radio similar, unas elecciones donde votamos por un único partido y un único presidente y nos creemos que votamos, es cierto, es que somos lo máximo. Hemos sido creativos, hemos presenciado la destrucción día a día de nuestro país, se derrumban edificios y valores morales, el civismo ha desaparecido y tan apacibles, tan salseros, tan imaginativos como esa canción de moda en las calles: ¡Y tú llorando en Miami y yo gozando en La Habana!. Sí, porque somos los más listos, sin pan, sin carne de ese animal que ya no vemos ni en los libros y que nuestros abuelos llamaban res, nuestros hijos sin leche, sin queso, pero eso sí gozando en nuestra Habana, porque somos gozadores y nos gusta el ron malo, allá los imbéciles que les gusta el etiqueta negra. Ah, es que ser cubano es una locura, si no fuera cubano pagaría por serlo, claro que eso que me cobren pasaporte, chequeo y seguro médico para viajar, no es pagar en realidad, es un impuesto para que en nuestra patria perdure estas libertades de las que gozo hoy en el Combinado del Este y en el resto de las más de mil prisiones de la isla, de la isla más hermosa que ojos humanos han visto, como dijo aquel hispano hace quinientos años, claro. Soy lo mejor de lo mejor, un portento de inteligencia, un listillo, soy cubano.

  R.Muñoz.

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