Ellos existen, están vivos, son reales.

 

Hay escritos por todos los rincones de mi casa, notas, poemas, reflexiones, frases y pensamientos que nunca publiqué en mi blog, ni siquiera en mi muro de Facebook; cuentos que nadie ha leído, capítulos de novelas inconclusas, hasta un guión para cine que traje de Cuba y jamás he vuelto a revisar. Muchos de ellos fueron escritos a mano o en mi vieja Underwood y en aquellos papeles de Cuba, que tienen una exagerada tendencia a ponerse amarillos, muchos de esos ya son completamente ilegibles. Los más recientes han tenido mejor suerte, gracias a la tecnología, pues habitan en archivos virtuales. 

Lo cierto es que los personajes que he creado, aunque no hayan llegado a ver la luz, siempre han vivido conmigo, son como hijos que se gestaron en mi imaginación y aunque no fueron paridos al mundo, se quedaron dentro de mí y ahí siguen todavía, si cierro los ojos puedo ver sus rostros, sentir sus miedos, reir sus alegrías, soñar sus sueños, son tan reales que si extiendo la mano, puedo tocarlos.

Ahí puedo ver a Ezequiel, el chico gay al que todos le llamaban Tintín y que un día,  cansado de la incomprensión,  las  humillaciones  y un cruel desengaño amoroso, no resistió más y terminó con su vida; también está la inolvidable Doña Pilar, que presintió la muerte de su marido Narciso en el frente de batalla y cuando vinieron a darle la noticia, la encontraron vestida de negro y con los ojos hinchados de tanto llorar. Miguel, que se enamoró de la novia de su hermano, cuando la vio vestida de novia frente al altar y nunca más pudo amar a otra mujer, y otro de mis consentidos, el pequeño Ariel, un niño atormentado por pesadillas de una vida anterior y por la incomprensión del mundo que no le creía. 

Hay muchos más, no sé si algún día podrán salir a la luz o si permanecerán eternamente en el cofre donde guardo mis más valiosos tesoros, pero sí puedo asegurarles algo, ellos existen, están vivos, son reales.



Miriam De La Vega
Abril 19, 2014

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