Angie creció (Relato finalista en el "Certamen Literario Somos 2015")



Había pasado mucho tiempo desde que mis hijos crecieron, se sentía mucho la falta de un bebé en la casa, por eso comencé a amar a Angie desde que supe que se estaba formando, aún desde mucho antes de tener nombre, antes de saber siquiera si sería niña o niño, ya esperaba ansiosa la llegada de aquel solecito que llenaría de luz mi vida, de aquel pequeño  milagro que traería de vuelta a casa el sonido más hermoso que existe, la risa de un bebé. 
Cuando Angie nació mi mundo se llenó de luz, desde la primera mirada supe que estaría atada a aquella criaturita por el resto de mi vida. Cuando ella y yo hablamos del día de su nacimiento, ella dice que cuando me vio por primera vez, pensó: "ella me gusta, la voy a querer mucho", y no lo dudo, incluso estoy segura de que ya nos conocíamos antes de vernos, estoy convencida de que ese día solo fue un reencuentro, porque sé que su alma y la mía han viajado juntas desde la eternidad y hemos compartido en muchas vidas anteriormente. 

No puedo olvidar cómo se iluminaba su carita cuando iba a recogerla al Day Care, aún cuando todavía no hablaba, más adelante me recibía con aquel grito de "Miiiimaaaaa!!" y venía corriendo y extendiendo sus bracitos hacia mí. Después íbamos cantando y riendo todo el camino de regreso a casa.

Cuando ella cumplió los dos años, su papá recibió una magnífica oferta de trabajo y se mudaron a New York, desde el mismo día en que se fueron, sentí un vacío enorme, como si me faltara una parte de mí y empecé a pedir a Dios con toda mi fe que los trajera de vuelta, no quería estar lejos, no quería perderme el disfrute de verla crecer y avanzar, de celebrar cada nueva palabra, cada nuevo paso, cada nuevo logro.


Viajé a verla un par de veces y me recibía con la misma alegría y el cariño de siempre, como si nunca hubiera dejado de verme. Afortunadamente Dios escuchó mi pedido y muy pronto decidieron regresar, así que reanudamos nuestra relación cercana y pude presenciar todas las cosas que iba aprendiendo y enseñarle otras nuevas. 

Disfrutábamos mucho juntas, jugábamos, cantábamos, bailábamos y reíamos, hasta compusimos algunas canciones entre ambas. Siempre hemos estado muy unidas, la gente dice que nos parecemos mucho y que resulta evidente que tenemos mucha química.


Según crecía nos fuimos compenetrando cada vez más. Todos los fines de semana quería quedarse a dormir en casa de Mima, íbamos a un parque cercano, a una tienda de juguetes o al museo y éramos muy felices compartiendo juntas. 

Pero mi niña siguió creciendo y pronto dejó de ser una bebé, ahora está a las puertas de la adolescencia  y ya no siente como antes la necesidad de venir a casa de Mima, ahora disfruta más sus fines de semana compartiendo con sus amiguitas, ya los abuelos hemos pasado a un segundo plano.

Ayer pasé por el Chuck e Cheese y sentí mucha nostalgia recordando los tiempos felices en que ella saltaba de alegría cuando yo ganaba tickets para ella en alguna maquinita, o cuando le compraba un juego de legos en Toys R Us, o nos comíamos una pizza juntas en Target o en el Restaurante Polo Norte.

Es triste comprobar que esos tiempos pasaron, no es que haya dejado de quererme,  es que sus prioridades han cambiado y aunque sé que de eso se trata la vida y que el amor por mí siempre estará latente en su corazón, me duele descubrir que ya nunca volverá a ser lo mismo, porque ya ella dejó de ser mi bebé. 

Ahora su vida se ha vuelto más  activa y complicada, recibe clases de baile, de teatro musical y está muy ocupada soñando en grande y tratando de realizar sus sueños, y es lo que más deseo, porque siempre le he inculcado que luche por ellos y que nunca tenga dudas de que logrará todo lo que se proponga.

No niego que es triste, pero en medio de mi nostalgia, me animo pensando que todo lo que hemos vivido juntas quedará guardado en aquel rincón del alma donde se guardan los tesoros, quizás algún día vuelva su vista atrás y recuerde aquella época como la mejor de su vida, como esa época inolvidable y feliz, en la que nos refugiamos en medio de los embates de esta travesía que llamamos vida.

Mientras tanto, yo seguiré cumpliendo mi papel de abuela, que es estar aquí para darle toda mi ternura, mi amor y mi apoyo siempre que ella lo necesite.
  


- MDLV -

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