Yo elijo el perdón (Reflexión)





No cultivo el odio, ni el rencor. A veces me inunda la tristeza, el dolor me inflama el pecho y me duele hasta el alma, me he sentido disgustada, herida, defraudada, pero nunca he llegado a sentir odio por nadie. Agradezco a Dios por no haber permitido que mi espíritu se envenene con tan vanos sentimientos. A través de mi vida he aprendido que el odio y el rencor dañan más al que los siente que al que los recibe, son como un veneno que corroe el alma y no nos deja evolucionar como seres humanos, ni crecer espiritualmente y seguir adelante con la misión de nuestra vida.

El mejor remedio para evitar que esos sentimientos arruinen y marchiten nuestro espíritu, son el perdón y el olvido, yo los aplico siempre que alguien me hiere o me hace sentir mal, y lo hago principalmente por mí, porque el perdón y el olvido son acciones que me alivian, me curan, me liberan y me permiten seguir adelante. Perdonar nos hace libres.


La próxima vez que sientas que te invade el rencor y el odio te ciega, relájate, cuenta hasta diez y hazte un favor a tí mismo, elije olvidar el agravio y perdonar a quien te ha dañado, a la larga te lo agradecerás. 




Miriam De La Vega - MDLV
                                 Noviembre 8, 2014
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